
El oráculo retumba en el interior.
Marta Gómez (en interacción...).
Fotografía Anna Fenoy



Experimentamos el frío frente a la conciencia del calor y, éste a su vez, frente a la que tenemos frío; nos percatamos del dolor porque conocemos el placer y así con TODO. Nuestra mente solo es capaz de calificar y valorar la experiencia bajo criterios de polaridad. No es solo que una realidad tenga su opuesto, sino que la realidad existe mentalmente, se define y hasta se percibe gracias a la necesaria comparación entre opuestos. La mente necesita los opuestos para comprender. Desde la óptica de la inseparable relación en psicología entre pensamiento y lenguaje humanos, puede que los sustantivos no tengan una polaridad tan manifiesta como los adjetivos, pero en cuanto definimos, describimos y clasificamos estas entidades ( y otras como verbos, artículos y preposiciones) para poder comprenderlas, aparecen de nuevo las polaridades de la mente tomando conciencia de cada característica por comparación con otras.
De este modo, la naturaleza de la mente polar hace polar nuestra forma de aprender todo conocimiento y toda experiencia. El alcance de esta considerada ley universal es mayor de lo que pudiera parecer en un principio. Lo que un primer momento nos ayuda a orientarnos en el mundo resulta limitador al ponerlo en contacto con la experiencia, que va más allá de conceptos y categorías predefinidas.
Viñeta de Eneko.
Fuente: Artículo José Gracia lozano polaridades, naturaleza mental y psicoterapia. Y Terapia Gestalt. Francisco Peñarrubia.

El organismo tiende a integrarse y mantenerse en equilibrio armónico mediante procesos de autorregulación.
Golstein, neurocirujano adscrito a la escuela gestaltica, en sus trabajos con lesionados cerebrales de primera guerra mundial, elaboró una teoría global del organismo, rechazando la dicotomía entre lo biológico y lo psíquico, entre lo normal y lo patológico:
-lo normal debe definirse, no por la adaptación, sino al contrario, por la capacidad de inventar formas nuevas.
Goldstein demostró que las leyes de la forma no eran válidas solo en el área de la percepción y de los fenómenos fisiológicos, sino que tenían validez para el organismo como un todo. Destacó la unidad del organismo y su capacidad de regularse, demostrando que la ausencia funcional de una parte del cuerpo es compensada por una reorganización total de las partes restantes. A esto lo llamó tendencia a la conducta ordenada y auto-actualización.
El problema es que constantemente interferimos en la autorregulación y no nos damos lo que necesitamos. Es un problema de atención a las necesidades.
La cuestión de la armonización es abordada directamente por la consciencia sensorial en el nivel más elemental del funcionamiento físico. La cuestión de cómo permitimos o interferimos la armonización con las funciones elementales de estar de pie, tumbarse, caminar, respirar y así sucesivamente. ¿Estamos realmente de pie del modo en que queremos estarlo? ¿Cómo estamos distribuyendo el peso del cuerpo entre las piernas? ¿están nuestros hombros donde ellos quieren estar? ¿Mantenemos nuestro abdomen metido para adentro o salido hacia fuera? ¿Y como nos sentimos al mantenerlo de cualquiera de las dos formas? ¿Y, sobre todo, tenemos alguna preferencia? De esta forma aprendemos a volvernos receptivos a nuestras necesidades orgánicas y a abandonar los hábitos determinados extrínsecamente o las tensiones innecesarias. Nos armonizamos con los requerimientos de nuestro organismo y aprendemos a tener conciencia de nuestra realidad concreta.

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
Y Dios me hizo mujer,

Tótila Albert:"Escribir poesía (pues considero que mi expresión más plena es la poesía, y para mí hay una unidad de intención tanto en mi trabajo de escultor como en mi labor de poeta), es estar fuera de sí. ¿Dónde estoy, entonces? No lo sé, pero no en este cuerpo. Desaparece toda impresión sensorial. Sólo las prolongaciones de los sentidos, más allá, siguen activos. Cuando termino, poco a poco compruebo mi cuerpo, la mesa, la ventana, el cielo. Es como si sonámbulo, hubiese vagado por el universo.
"Hacer consciente el inconsciente. Poder sumergirse como el buzo y volver a flote. Todo creador es un Orfeo que logra regresar en vida del reino de los muertos. En eso consiste el arte. La obra proviene del reino de las sombras"

Luis Gordillo:





Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Angel Gonzalez
Cuadro Ana Duarte. Me planto en oro.



que debo hacer y quién debo ser. Me han encogido, estirado, arañado y atrapado en una tetera también; Se me acusado de ser Alicia y de no ser Alicia…Pero este es mi sueño. Desde ahora voy a decidir lo que pasa...
-Si te desvías del camino…
-Yo hago el camino ahora
(Tim Burton).
Cuadro Ana Duarte. Camino al seminario.

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.
José Hierro, 1947
Cuadros de Ana Roldan (Siesta crepuscular, Danza sobre el mar, Silencio bajo el mar).