No sé de ningún hecho más estimulante que la incuestionable capacidad
del hombre por elevar su vida por medio del esfuerzo consciente. Es
algo, ciertamente, el poder pintar un cuadro particular, el esculpir una
estatua o, en fin, el hacer bellos algunos objetos; sin embargo, es
mucho más glorioso el esculpir o pintar la atmósfera, el medio a través
del cual nos miramos, lo cual es factible moralmente. Influir en la
calidad del día, ésa es la más elevada de las artes. Todo hombre tiene
la tarea de hacer su vida digna, hasta en sus detalles, de la
contemplación de su hora más elevada y crítica.
Thoreau.
domingo, 10 de junio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
Falsía
(...)
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
Borges
domingo, 29 de abril de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Acaso
Pudo haber sucedido.
Debió suceder.
Sucedió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Pero no a ti.
Te salvaste por ser el primero.
Te salvaste por ser el último.
Por estar solo. Con gente.
A la izquierda. A la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque lucía un sol esplendoroso.
Por suerte había un bosque.
Por suerte no había árboles.
Por suerte, un raíl, un gancho, una viga, un freno,
una repisa, una curva, un milímetro, un segundo.
Por suerte había a mano un clavo ardiendo.
A causa de, puesto que, sin embargo, pese a.
A saber qué hubiera ocurrido si la mano, si el pie,
por un pelo, a un paso de una coincidencia.
)Estás, pues, aquí( )Salido de un instante aún entreabierto(
(...)
Szymborska wislawa
Debió suceder.
Sucedió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Pero no a ti.
Te salvaste por ser el primero.
Te salvaste por ser el último.
Por estar solo. Con gente.
A la izquierda. A la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque lucía un sol esplendoroso.
Por suerte había un bosque.
Por suerte no había árboles.
Por suerte, un raíl, un gancho, una viga, un freno,
una repisa, una curva, un milímetro, un segundo.
Por suerte había a mano un clavo ardiendo.
A causa de, puesto que, sin embargo, pese a.
A saber qué hubiera ocurrido si la mano, si el pie,
por un pelo, a un paso de una coincidencia.
)Estás, pues, aquí( )Salido de un instante aún entreabierto(
(...)
Szymborska wislawa
Impresiones teatrales

Para mí, lo esencial de una tragedia es el sexto acto:
el resucitar de los muertos en la batalla del escenario,
el retocar pelucas y vestuario,
el arrancar el puñal del pecho,
el quitar la soga del cuello,
el unirse en fila a los vivos
de cara al público.
Saludos individuales y colectivos:
la mano blanca en el corazón herido,
la reverencia de la suicida,
la inclinación de la cabeza cortada.
Saludos en pareja:
la ira ofrece el brazo a la mansedumbre,
la víctima mira extasiada los ojos del verdugo,
el rebelde acompaña al tirano sin rencor.
El pisotear la eternidad con la punta de un borceguí dorado.
El disipar moralejas con las alas del sombrero.
La incorregible disposición a volver a empezar a partir de mañana.
La entrada en fila india de los muertos mucho antes,
en el tercer acto, en el cuarto, en los entreactos.
El milagroso retorno de los desaparecidos sin rastro.
Pensar que entre bastidores han aguardado pacientes,
sin quitarse las vestimentas,
sin limpiarse el colorete,
me conmueve más que los monólogos de una tragedia.
Pero lo en verdad solemne es la bajada del telón
y lo que se sigue viendo por una estrecha rendija:
aquí una mano que se precipita hacia una flor,
allá, otra mano recoge la espada caída.
Y sólo entonces una tercera mano, la invisible,
cumple con su cometido:
me agarra por el cuello.
el resucitar de los muertos en la batalla del escenario,
el retocar pelucas y vestuario,
el arrancar el puñal del pecho,
el quitar la soga del cuello,
el unirse en fila a los vivos
de cara al público.
Saludos individuales y colectivos:
la mano blanca en el corazón herido,
la reverencia de la suicida,
la inclinación de la cabeza cortada.
Saludos en pareja:
la ira ofrece el brazo a la mansedumbre,
la víctima mira extasiada los ojos del verdugo,
el rebelde acompaña al tirano sin rencor.
El pisotear la eternidad con la punta de un borceguí dorado.
El disipar moralejas con las alas del sombrero.
La incorregible disposición a volver a empezar a partir de mañana.
La entrada en fila india de los muertos mucho antes,
en el tercer acto, en el cuarto, en los entreactos.
El milagroso retorno de los desaparecidos sin rastro.
Pensar que entre bastidores han aguardado pacientes,
sin quitarse las vestimentas,
sin limpiarse el colorete,
me conmueve más que los monólogos de una tragedia.
Pero lo en verdad solemne es la bajada del telón
y lo que se sigue viendo por una estrecha rendija:
aquí una mano que se precipita hacia una flor,
allá, otra mano recoge la espada caída.
Y sólo entonces una tercera mano, la invisible,
cumple con su cometido:
me agarra por el cuello.
Szymborska wislawa.
viernes, 20 de enero de 2012
Fritz ayudaba a otros siendo el mismo. Ser uno mismo es la más importante premisa de la gestalt.
La meditación se puede describir como un moverse hacia el centro de uno y hacia la suspensión del propio carácter. En gestalt esto se combina con la expresión de la libertad. La meditación busca desarrollar una libertad interior, la apertura a procesar una experiencia. La libertad exterior hace referencia a la libertad comunicativa, expresiva y afectiva. También es una prueba de apertura pues podemos comunicar lo que podemos aceptar.
Ambas propuestas descansan en los mismos pilares: capacidad de percatarse y espontaneidad.
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